En una tarde de pura efectividad, el «Gasolero» derrotó 1-0 al «Sojero» por la segunda fecha de la Primera Nacional. Adrián Arregui, en el amanecer del complemento, marcó el único tanto de un partido donde el local supo sufrir y cerrar los caminos con inteligencia.
Hay victorias que se explican desde la pizarra y otras desde el temple. El triunfo de Temperley ante Agropecuario tuvo un poco de ambas.
En un Alfredo Beranger que rugió con el pitazo final, el equipo de Lomas de Zamora dio una lección de cómo gestionar un partido de ascenso: siendo implacable en el área rival y un frontón en la propia.
Posesión estéril vs. Orden táctico
El primer tiempo fue un monólogo de intenciones de Agropecuario, pero sin profundidad. La visita manejó la pelota con un abrumador 67% de posesión, pero chocó una y otra vez contra el 4-4-2 que plantó el local. Temperley no se desesperó por no tener el balón; al contrario, se sintió cómodo cerrando espacios y obligando al conjunto de Carlos Casares a una circulación lateral que nunca lastimó a Mastrolía.
Ese primer segmento fue más de fricción que de juego, algo que quedó reflejado en las tarjetas amarillas que el árbitro Jorge Broggi repartió para Fernando Brandán en el local, y Lecanda junto a Acosta en la visita.
El grito sagrado y la muralla del «Cele»
El guion del partido voló por los aires apenas comenzado el segundo tiempo. A los 2 minutos, Adrián Arregui —el alma y motor del equipo— encontró una pelota en el área y no perdonó. El 1-0 obligó a Agropecuario a quemar naves, moviendo el banco con los ingresos de Vásquez y Valdez Chamorro.
Sin embargo, Temperley respondió con la misma moneda. El cuerpo técnico oxigenó las bandas con Pedro Souto y Benítez, y más tarde equilibró el medio con Franco Díaz y Gerónimo Tomasetti. A medida que los minutos pasaban, el «Cele» le quitó ritmo al partido y emparejó el trámite, haciendo que el reloj fuera el peor enemigo de la visita.
Máxima efectividad
La estadística final es elocuente y premia el pragmatismo: Temperley pateó una sola vez al arco en los 90 minutos y fue gol. Por su parte, Agropecuario se fue de Lomas con las manos vacías y la frustración de no haber podido exigir seriamente a la defensa local, a pesar de haber tenido más la pelota.
El cierre fue el habitual de estos partidos cerrados: dientes apretados y una lluvia de amarillas (Echeverría, Auzqui y el propio Arregui) para sellar un triunfo que le permite al «Gasolero» trabajar con una sonrisa de cara a lo que viene.
