El equipo de Úbeda derrotó 1-0 a Deportivo Riestra en el debut del Apertura. En un partido pobre y sin ideas claras por abajo, el Xeneize apeló a la pegada de Paredes y al cabezazo de su defensor central para romper un cerco defensivo que parecía inexpugnable.
No hubo brillo, ni asociaciones fluidas, ni desbordes punzantes. El estreno de Boca Juniors en el Torneo Apertura 2026 fue un ejercicio de paciencia y, por momentos, de impotencia.
Ante una Bombonera colmada que pasó del aliento al murmullo, el local venció a Deportivo Riestra por la mínima, confirmando que hoy su principal argumento ofensivo nace en el guante que Leandro Paredes tiene en el pie derecho y termina en el frentazo de Lautaro Di Lollo.
Un cerco difícil de romper
Desde el pitazo inicial, el plan de Cristian «Fabbiani» Benítez fue cristalino: interrumpir el juego a base de rigor físico y faltas tácticas. Boca, diezmado por las lesiones de sus tres referentes de área (Merentiel, Cavani y Giménez), salió a la cancha con un Lucas Janson deslucido como referencia ofensiva.
Sin profundidad por el centro, el equipo de Úbeda se volvió previsible. Durante la primera mitad, solo el juego aéreo llevó peligro al arco de Arce. Belmonte y el propio Di Lollo avisaron con cabezazos que el arquero visitante logró desactivar, incluyendo un balón que terminó impactando en el poste. Por abajo, la nada misma: ni pases filtrados ni remates de media distancia.
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La fórmula del desahogo
El segundo tiempo mantuvo la tónica de aburrimiento y repetición. Ni las gambetas del «Changuito» Zeballos ni el ingreso del juvenil Zufriaurre lograban desordenar a un Riestra que se sentía cómodo con el empate. La impaciencia empezaba a bajar de las tribunas hasta que, a los 31 minutos, apareció la «fórmula de siempre».
Paredes ejecutó un tiro libre con una comba perfecta hacia el área chica. Allí, Di Lollo, ganándole la posición a los centrales Paz y Sansotre, metió un frentazo que venció la resistencia de un Arce que se quedó atornillado a su línea. Fue el 1 a 0 y el estallido de alivio en Brandsen 805.
Marchesín y las cuentas pendientes
En los minutos finales, Riestra abandonó su postura defensiva y obligó a Agustín Marchesín a demostrar por qué es el dueño del arco xeneize. El portero respondió con una estirada clave ante un remate de Bracamonte, asegurando tres puntos que, desde la estadística, son indiscutibles.
Boca dominó la posesión (80%), tuvo más tiros de esquina (12 a 1) y remató mucho más que su rival. Sin embargo, los números no logran tapar una realidad futbolística preocupante: la dependencia absoluta de la pelota parada. Para pelear el campeonato, el equipo de Úbeda sabe que deberá encontrar los caminos que hoy, por el suelo, parecen cerrados.
