La medida, impulsada por las cámaras empresarias ante el retraso en el pago de subsidios y el aumento de costos, genera esperas de más de 40 minutos y filas que doblan la esquina en los principales nodos de transbordo. Malestar generalizado en una mañana crítica para los trabajadores.
Lo que comenzó como una advertencia técnica se tradujo desde el 1 de abril en una realidad agobiante para miles de pasajeros. La reducción del 30% en el servicio de colectivos de mas de 100 líneas que recorren el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) transformó las rutinas matutinas en una carrera de obstáculos.
En puntos neurálgicos como Constitución, Once y las terminales del Conurbano, la postal se repite: andenes colmados y unidades que pasan de largo por el exceso de pasajeros.
Crónica de una espera anunciada
El conflicto no es nuevo, pero la intensidad de la restricción ha escalado. Según detallan desde el sector empresario, la decisión de «racionalizar» los recorridos responde a una ecuación económica asfixiante: el desfasaje entre los costos operativos (combustibles y repuestos) y las compensaciones tarifarias que reciben del Estado Nacional.
- Frecuencias raleadas: En líneas que habitualmente tienen un intervalo de 8 a 10 minutos, hoy la espera promedia los 25 a 45 minutos.
- Servicios nocturnos: Muchas líneas han optado por suspender directamente los servicios después de las 22:00 para priorizar las horas pico, dejando a los trabajadores del turno noche sin opciones de transporte.
- Impacto en el bolsillo: Al no encontrar colectivos, muchos usuarios se ven obligados a recurrir a transportes alternativos o aplicaciones de movilidad, cuyos precios se disparan ante la alta demanda.
El malestar de los usuarios
«Salí una hora antes y ya sé que llego tarde», comenta un usuario en la terminal de Lomas de Zamora, reflejando el sentimiento general de quienes dependen del transporte público. Las quejas no solo apuntan a la demora, sino a la seguridad: las paradas abarrotadas y la falta de previsibilidad en las aplicaciones de seguimiento (que hoy muestran datos erráticos) aumentan la vulnerabilidad de los pasajeros.
Un escenario de incertidumbre
Mientras las cámaras empresarias mantienen el «lockout» patronal encubierto bajo la etiqueta de «reducción por falta de recursos», el Gobierno Nacional insiste en que los pagos están al día o en proceso de liquidación. En el medio, queda el usuario, rehén de una puja distributiva que parece lejos de resolverse.
Por el momento, no hay una fecha clara para la normalización del servicio. Las empresas advierten que, de no actualizarse los montos de los subsidios o el valor del boleto, la reducción podría profundizarse hasta el 50% en los próximos días, lo que pondría al sistema de transporte al borde del colapso total.
