Bajo la consigna de frenar la reforma laboral impulsada por el Gobierno de Javier Milei, la Confederación General del Trabajo (CGT) encabezó este jueves 18 de diciembre una masiva movilización a Plaza de Mayo. Los líderes de la central obrera advirtieron que este es solo el inicio de un plan de lucha que podría escalar a una huelga general si no hay una mesa de diálogo.
La Plaza de Mayo volvió a ser el epicentro de la protesta social en una jornada marcada por la tensión política y un fuerte operativo de seguridad. El nuevo triunvirato de la CGT —integrado por Jorge Sola, Octavio Argüello y Cristian Jerónimo— tomó el micrófono para cerrar un acto que contó con el respaldo de las dos CTA, movimientos sociales y gremios del transporte.
El eje del conflicto: Una reforma «regresiva»
El principal motivo de la convocatoria fue el rechazo absoluto al proyecto de reforma laboral que el Ejecutivo envió al Congreso. Según los dirigentes gremiales, la iniciativa busca «destruir el contrato social» y precarizar la vida de los trabajadores.
- Puntos cuestionados: La CGT denunció que la reforma permite la extensión de la jornada laboral sin pago de horas extras, reduce las indemnizaciones y crea un «fondo de despidos» que se nutriría con fondos de los jubilados.
- Ataque a los sindicatos: También alertaron sobre los artículos que limitan el derecho a huelga y quitan a los empleadores la obligación de ser agentes de retención de la cuota sindical.
“Quieren que despedir sea gratis y que los trabajadores no tengamos vida. No hay libertad si no hay justicia social”, sentenció Jorge Sola durante el discurso de cierre.
Protocolo y pulso en la calle
La jornada transcurrió con una visible presencia de las fuerzas de seguridad bajo las órdenes de la nueva ministra, Alejandra Monteoliva.
Aunque se aplicó el protocolo antipiquetes, la magnitud de las columnas —que en las filas sindicales estimaron en 180.000 personas— desbordó por momentos las veredas de las diagonales y la Avenida de Mayo.
A pesar de los temores previos de incidentes, la movilización se desconcentró en paz, dejando una imagen de unidad sindical frente a un Gobierno que, según Cristian Jerónimo, «nunca quiso dialogar».
Un triunfo táctico: El debate se pasa a febrero
En medio de la protesta, los dirigentes festejaron lo que consideran un primer éxito político: el oficialismo en el Senado se vio obligado a postergar el tratamiento de la reforma laboral hasta el 10 de febrero de 2026.
Esta tregua parlamentaria le da aire a la CGT para iniciar una ronda de negociaciones con gobernadores y legisladores «dialoguistas», con el objetivo de podar los artículos más polémicos del proyecto antes de que llegue al recinto. Sin embargo, la advertencia quedó flotando en el aire de la Plaza: si el Gobierno intenta avanzar sin cambios, el próximo paso será el paro nacional.
